martes, 2 de febrero de 2010

Fiesta de la Presentación del Señor

Mal 3,1-4: "Miren, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí”.
Salmo: 23: “El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria”
Heb 2,14-18: “De nuestra carne y sangre participó también Jesús”
Lc 2,22-40: Presentación de Jesús en el Templo


En esta fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo el texto de Lucas nos repite cuatro veces que lo que hicieron José y María era “de acuerdo a la Ley” o “para cumplir la Ley”. Todo esto es una manera muy sutil de mostrarnos la condición humana y la inserción plena de Jesús en la vida de su pueblo Israel (tema que se resalta en la segunda lectura). Pero la vida de ese niño que hoy es presentado terminará siendo un proyecto de salvación para todo el pueblo y trascenderá “todas las naciones”.
Los pastores, los magos de Oriente, Simeón y Ana son parte del ciclo de las Presentaciones de Jesús a distintos grupos de su tiempo que debemos interpolar al hoy nuestro. En ese niño se nos ha manifestado la Grandeza de Dios, su Misericordia y su Alianza, que ha trascendido a todos los pueblos. No olvidemos que ese niño también es “signo de contradicción” porque desenmascara, al fin de cuentas, las intenciones torcidas que a veces llevamos, el egoísmo y la violencia que habitan en nuestros corazones. Podríamos decir que también hoy se nos presenta a nosotros la salvación. En la fiesta de hoy se concentra todo el misterio mesiánico de Jesús. Ya veremos a ese niño cuando crezca en estatura, sabiduría y gracia desplegando su mensaje de salvación por toda la tierra.
¿Seremos capaces de maravillarnos por todas las cosas que se dicen de él? ¿Percibimos a Jesús como Luz que ilumina?
Hoy es el Día de la Vida Religiosa, en la Iglesia.

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